Galicia, cuatro provincias y cada una con su diputación, diez consellerías con delegaciones territoriales, siete áreas sanitarias, tres distritos universitarios, quince oficinas agrarias comarcales, cuarenta y cinco partidos judiciales, cincuenta y tres comarcas, 315 ayuntamientos, 3.778 parroquias, un arzobispado y cuatro obispados, 30.088 entidades singulares, una delegación del gobierno central con cuatro subdelegaciones provinciales llenas con diversas áreas funcionales, cuatro circunscripciones electorales... Un galimatías. Un lio.
Con la llegada del nuevo Gobierno, el presidente Núñez Feijóo reduce las consellerías de trece a diez y dice que suprimió 52 delegaciones provinciales (ocho de ellas delegaciones territoriales: 5 de Hacienda -Coruña con una unidad regional de Valoraciones, Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo- y tres de Pesca - Coruña, Vigo y Celeiro-). En lugar de las delegaciones provinciales aparecen cinco delegaciones territoriales, una por cada provincia, excepto en Pontevedra, que se crea una en Vigo con jurisdicción sobre catorce municipios. La disposición adicional quinta del Decreto 245, de 30 de abril, dice: "Sen prexuízo do establecido no artigo 1º, polo que respecta a todas as actuacións en materia de tributos cedidos polo Estado, tributos propios, prezos establecidos pola Comunidade Autónoma de Galicia e demais ingresos de dereito público, mantense a competencia territorial dos órganos que a viñan exercendo no momento da entrada en vigor deste decreto, así como a dependencia orgánica e funcional das oficinas liquidadoras de distrito hipotecario". Los cinco delegados territoriales de Economía y Hacienda han sido cesados, sin que se nombraran sucesores. Pero, por esa disposición se puede entender que para la cuestión de los tributos, la ahora consellería de Hacienda mantendrá sus cinco delegaciones territoriales. ¿O la gestión de los tributos se encargará en adelante a departamentos territoriales de las delegaciones territoriales, que tendrán al frente un jefe territorial? Con la recaudación no se juega.
De la reforma iniciada en la administración autonómica hay que celebrar la decisión de dotar a Vigo y trece municipios (elegidos a ojo de buen cubero) de una delegación territorial. Asi la provincia de Pontevedra, la de menor superficie (15% de Galicia), la segunda en población (34,2%), 62 municipios, 666 parroquias y 6.245 entidades singulares, contará con dos delegaciones territoriales. Una, catorce municipios con Vigo a la cabeza, reune 473.945 habitantes. La delegación territorial de Pontevedra comprende 48 municipios con 479.455 habitantes.
LA PROVINCIA GRANDE ES INTOCABLE
Sin embargo, la provincia de Coruña, con 3.455 kilómetros más que la de Pontevedra y el 41% de la población gallega, con tres de las grandes ciudades de Galicia, sólo tendrá una delegación territorial. Coruña, Santiago y Betanzos eran provincias antes de la particición irracional de Javier de Burgos en 1833.
En la toma de posesión de los nuevos delegados territoriales, el presidente Núñez Feijóo dijo cosas como esta: "despóis de 25 anos dunha administración consolidada", é preciso "non facela máis grande senón máis eficiente, máis eficaz e máis axil"
Por si fuera poco, Núñez Feijóo apostilló: "Creo que esta é unha destas decisións que perdurará ao longo do tempo" e "pode ser unha decisión que perdure aos gobernos que nos sigan na responsabilidade da Xunta de Galicia". Al llegar aquí me acuerdo de aquello de Castelao: devolver la autonomía y pagar la multa.
La cadena de despropósitos en el discurso de Núñez Feijóo en la toma de posesión de los cinco parece no tener fin: "Galicia certamente non é un país uniforme pero se deben ser uniformes as posibilidades de chegar a unha igualdade de oportunidades de todos vivan onde vivan". ¿No se habrá percatado de que, por ejemplo, los contribuyentes de Oia o Tui tienen que pasar por Vigo para realizar gestiones en la delegación territorial de Pontevedra? Los ciudadanos de Ribeira tendrán su territorial a 131 km, los de Corcubión a 96, los de Verín a 80, los de Monforte a 64 y los de Mondoñedo a 59. ¿Entenderá Núñez Feijóo que los contribuyentes de estos municipios tendrán la misma igualdad de oportunidades que los de Redondela, Culleredo, Rábade o Meis para realizar gestiones ante la Administración autonómica o tendrán que perder más tiempo y realizar un mayor gasto? Repartir los efectivos autonómicos por el país también contribuye al desarrollo, sobre todo de zonas deprimidas.
Está bien la decisión de Vigo, aunque el territorio que se le asigna parece fruto de una chapuza política. Pero vale para inciar un nuevo rumbo. Mas darlo por definitivo y que perdure es un gran error. No es un "novo modelo de organización". Si acaso es una nueva manera de desconocer el Estatuto y la identidad de Galicia. Crear cinco delegaciones territoriales, que ya nacieron en la década de los ochenta, no es ninguna organización. Debiera ser el principio de la tarea de poner orden en la maraña de la organización administrativa, un ensayo. Tampoco es "unha aposta pola eficacia, a eficiencia e pola austeridade no gasto público".
LA OPOSICION SE ENTRETIENE CON LA PARIDA DE LA PARIDAD
Si no se persigue acercar la Administración al administrado, no se puede hablar de eficacia. Ni de eficiencia. Y para mejor servir al administrado hay que acercarle los funcionarios, situar la ventanilla lo más próximo posible a su residencia. Sí sería eficacia aumentar el número de ventanillas sin aumentar el número de efectivos. Con 88.037 funcionarios de la Comunidad Autónoma, racionalmente distribuidos para prestar mejor servicio al administrado, se puede y debe ir más allá de cinco delegaciones territoriales. Por cierto, las delegaciones territoriales se designan en los periódicos de estos días, posteriores al discurso de Núñez Feijóo, como delegaciones provinciales. Como si nada hubiera cambiado. Y la oposición ocupada con la parida de paridad.
Las cuatro provincias gallegas constituyen una vieja rémora. Pero la Constitución de 1978 les dio más vida. Con 176 años a cuestas, las provincias ya tienen bien merecido el retiro. La sociedad actual no se parece en nada a la del siglo XIX. Cuando se crearon las provincias ni siquiera existían recuentos de población fiables, con rigor, ya que hasta 1857 no se elaboró el primer censo. No debe estar muy lejano el año en que se reforme la Constitución y ya será Cataluña la que se mueva para decirle adiós a las provincias. Y con ellas envie también al desván de los recuerdos la absurda circunscripción electoral provincial y las listas cerradas. Si en tiempos pasados la circunscripción electoral se correspondía con el partido judicial, sería más juicioso ir preparando la estructuración de la administración pública gallega para cuando llegue ese momento no tener que recurrir a la muy usada improvisación.
¿Por qué Ferrol (comarcas de Ferrol, Eume y Ortegal) no puede constituir una delegación territorial, en vez de una "unidad administrativa especial"? ¿Por qué no se estudia por un equipo interdisciplinar, con seriedad y rigor, una nueva estructura de la administración autonómica como material para que los diputados puedan legislar? La provincia de Coruña, la de mayor población, con una sola delegación territorial. Lugo, la provincia de mayor superficie, igualmente una delegación. ¿Por qué la Tierra de Santiago (sede en Compostela), Ferrolterra (Ferrol), Costa da Morte (Corcubión, Barbanza (Ribeira), A Mariña (Mondoñedo), Terra de Lemos (Monforte), Verín, no se merecen una delegación territorial? Crear cinco para satisfacer a Vigo con un territorio de catorce municipios ni tiene sentido. Vigo se merece una delegación que respete a los asentamientos poblacionales de su entorno.