Fermín Bouza Brey, con "Loores ao Señor Sant-Yago", y Dionisio Gamallo Fierros, con "Piedra viva", obtuvieron el primer premio en gallego y castellano, respectivamente, en los Juegos Florales del Círculo Mercantil e Industrial de Santiago de 29 de julio de 1945. Los galardonados además de una flor de plata y esmalte recibieron 2.000 pesetas. Estos Juegos se venían celebrando de tiempo atrás en la sede de la sociedad, pero los de 1945 por coincidir con las Bodas de Oro del Círculo para mayor realce se trasladaron a la Plaza de la Quintana, actuando de Mantenedor José María Pemán y de Reina, Carmen Franco Polo. Sobre los Juegos Florales de la Quintana trata el periodista Celestino Sánchez Rivera ("Diego de Muros"), director de "El Eco de Santiago" hasta 1938 en que se fusionó con "El Correo Gallego", en su libro "Notas Compostelanas", editado por Sucesores de Galí en 1947. Entre los 44 artículos que ocupan las 285 páginas del volumen, figura el titulado "La Plaza de la Quintana", cuyo texto habla de cuestiones recientes de una plaza que en los primeros años del siglo XII se denominaba "Quintana del Palacio". He ahí lo que ha escrito Diego de Muros en su libro salido de la Imprenta Moret en 1947:
"Un día del florido mayo del año en que agonizaba el pasado siglo, recibimos la visita de un colega italiano que venía a Compostela. Acompañámosle por distintos puntos de la población, y al entrar en la Plaza de la Quintana, lector, no nos es fácil describirte la admiración del peregrino en aquela Plaza cerrada por los monumentos sabidos: su mirada se extasiaba ante la fachada de la Catedral, luego en la del Monasterio de Ante Altares, y luego en los otros edificios de los lados que la cierran y ante la hermosa escalinata que sube a la Vía Sacra, debida al Arzobipo Sr. Sanclemente, en 1602, derribando para ello la capilla de Nuestra Señora de la O, por su estado ruinoso, en la cual tenían la Cofradía los sastres, cuya Cofradía se halla hoy, con su imagen en magnífico altar, en la hermosa iglesia del Monasterio.
"Terminado el examen de los edficios, fijó su vista en el pavimento, que fue primorosamente enlosado de opus sedile hacia 1770, y aunque ya un tanto descuidada, pues muchas de las losas, pequeños triángulos y rectángulos estaban desnivelados, el golpe de vista era encantador al contemplar cómo en toda la Plaza, por entre las uniones de las losas, y como festoneándolas, surgía una hierbecilla verde, pero de un tono tal, que no podría imitar fácilmente el mejor pincel.
"El día de la Ascención le acompañamos a la función solemne de la Catedral, y su admiracíón iba cada vez en aumento: primero, al ver la brillante procesión con las dignidades mitradas acompañadas por las Chirimías, que le hizo exclamar: "¡Esta solemnidad sólo en Roma puede verse!", y por último, el Botafumeiro lanzando a lo alto de las naves grandes espirales de humo aromatizado con incienso, mitra y hierbas olorosas, diciendo esta vez: "¡Esto, ni en Roma se ve!".
"Dos o tres días pasados, acompañamos nuevamente a la Plaza de la Quintana o de los Literarios, llamada así en recuerdo de aquel batallón de estudiantes compostelanos que juraron la Bandera en aquel lugar al partir a luchar con el invasor francés en defensa de la Patria, en cuyo honor existe en el frontón una lápida de mármol con corona de bronce.
"Al lado de esta lápida, colocada el 2 de mayo de 1896 por los estudiantes, con gran solemnidad, en sustitución de la colocada por el Excmo. Ayuntamiento, más sencilla, en 1822, se contempla una colosal Cruz de madera pintada de negro, como homenaje y recuerdo a los Caídos en nuestra Gloriosa Cruzada, ante la cual, en días señalados, las autoridades y el pueblo en masa rezan un responso por el eterno descanso de los que murieron por Dios y por la Patria.
"Sentado en uno de los bancos, que bajo los árboles que cerraban la Plaza había, pasó largo rato en verdadero éxtasis contemplando tanta belleza. Tomaba de todo nota, dejando consignado en una las siguientes líneas: "En toda la Plaza vése crecer una fina hierbecilla, observándose unos cuatro o cinco caminitos o senderos por donde pasa el transeunte respetando lo demás".
"Efectivamente, había en la Plaza varios senderos o caminos por donde circulaba el público: uno, de la Conga a la Vía Sacra; otro, diagonal al otro extremo; otro, de la Plaza de Platerías diagonal a la Vía Sacra, y otro, al lado de la Puerta Santa a la Quintana de Vivos. Cada vez que recordamos aquella Plaza ¡cuánto lamentamos no poderla volver a ver con su bordado y policromado pavimento!
Otro día, algunos después del de la Ascensión, invitamos al colega a visitar la Quintana, y una vez en ella no pudo evitar esta exclamación, dicha en la dulce lengua del Dante. "¡Oh, questo es bellísimo!"
"Este cuadro me recuerda los corderitos el día de Santa Inés", agregó.
"En Compostela, antes de la otra guerra mundial de 1914, que borró muchas tradiciones y costumbres españolas, había la de comprar a los niños unos corderitos, siempre blancos, en la importante feria que anualmente se celebra el día de las Ascensión del Señor.
"A estos corderitos de lana
Blanca y nítida
Al par de la cuaja
Límpida nieve
En el albo olimpo
ponían sus diminutos propietarios, como collarcitos, una cinta encarnada, y presos en un cordelito o de una cintita roja también, los llevaban algunos de ellos a pacer la fresca hierbecilla que nacía entre las losas de la Plaza, corriendo a veces, en confuso tropel, niños, niñas y corderitos, mientras las doncellas o niñeras, sentadas en los bancos, vigilaban las travesuras de sus inocentes pequeñuelos y tenían atento el oído al sonar de las espuelas del marcial hijo de Marte de la Gloriosa Arma de Caballería, que venía a la conquista de un corazón.
"¿Por qué este bellísimo cuadro de los corderitos blancos le recordó al colega italiano el día de Santa Inés en Roma?"
"Vamos a verlo:
"Los Canónigos lateralenses sostienen un culto tan solemne como devoto en la Iglesia de Santa Inés, extramuros, que es parroquia y título cardenalicio. La fiesta de la gloriosa titular es de las más hermosas, interesantes y antiguas de cuantas se celebran en la capital del orbe católico. Muchedumbre inmensa llena la vía Nomentana y se agolpa al templo augusto todos los años el 21 de enero, ansiosa de presenciar la tierna, cuanto simbólica, ceremonia de la bendición de los dos corderillos de cuya lana se tejen los sagrados palios que el Papa envía al Obispo de Ostia, Decano del Sacro Colegio, a los Patriarcas, Arzobispos y aún a algunos Obispos. Recuérdese que Pascual II concedió a Gelmírez el uso del Palio antes de ser metropolitano. Terminada la misa solemne, sale otra vez de la sacristía el clero, precedido de los coriferarios y turiferarios y presidido por el Abad de los Canónigos lateranenses con mitra y capa pluvial. En medio van dos sacerdotes, vestidos de manteo, llevando en cojín de damasco encarnado con franjas de oro dos corderos blancos, adornados con guirnaldas de rosas y cintas de seda encarnada que dejan en el altar, al lado de la Epístola y el Evangelio, mientras resuenan los himnos sagrados, acompañados de la numerosa orquesta que se coloca en la galería superior. Después de recitar una oración de hermoso simbolismo, el Preste esparce con el hisopo agua bendida e inciensa a los corderillos, que, de regreso en la sacristía, son entregados a un maestro de ceremonias de San Juan de Letrán, el cual, acompañado de dos dependientes de la Santa Basílica, va a presentarlos al Sumo Pontífice, que también los bendice, destinándolos en seguida a un convento de religiosas. A su tiempo se esquilan, y de su lana, como antes decíamos, hácense los palios, que bendice el Papa o quien de él recibe sus veces, durante las primeras vísperas de la vigilia de San Pedro y San Pablo, y se colocan después en la Confesión del Príncipe de los Apóstoles, dentro de un cofrecillo dorado, de donde se toman para enviarlos a los Prelados dichos, a fin de que sepan imitar a aquel supremo y buen Pastor que cargó sobre sus espaldas con la ovejuela perdida".
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"Hacia el año 1917, un año antes o después, veíase la necesidad de arreglar el pavimento de dicha Plaza, muchas de cuyas losas proceden del Monasterio de San Pedro de Afora. Se trató de pavimentarla en la forma en que se hallan todas las Rúas de la ciudad; pero un concejal, Teniente Alcalde D. Osmundo de la Riva Blanco, Teniente Coronel de Ingenieros, Espada de Honor de su promoción, expuso la idea de restaurarla en igual forma en que se hallaba; pues, aunque efectivamente resultaría algo costosa, bien merecía la pequeña diferencia de coste que hubiese entre una y otra pavimentación, y que se conservase en recuerdo de cómo se hizo primitivamente, porque así conservaría la Plaza su sabor arqueológico, artístico y monumental.
"Se inició con tal motivo una verdadera lucha entre los que opinaban de distinto modo; pero, por el prestigio a la autoridad y consideración de que gozaba el Sr. La Riva, triunfó su proposición, restituyendo el pavimento de la citada Plaza a la forma en que se halla, por lo que es hoy objeto de elogio y admiración de cuantos visitan Compostela".