Ya van seis leyes del suelo. La última, aprobada el 22 de marzo, todavía no llegó al Diario Oficial de Galicia ni, por supuesto, al Boletín Oficial del Estado. Las cinco primeras leyes ocupan 130 páginas del BOE. Pero en el tema del suelo, además de leyes, también se echó mano de decretos, ordenes, instrucciones, circulares... Y resulta que con tanta literatura normativa, Galicia perdió en muchas zonas su encanto. Se convirtió en paraíso de los especuladores. En mercado de recalificaciones. En permisividad para saciar el afán de lucro. "Nunca tan pocos hicieron tanto daño a tantos". Y atropellos al paisaje. La ley más larga fue la de 2002, con 59 páginas del Boletín Oficial del Estado. En 2004, siendo Núñez Feijóo el responsable de la política territorial, se modificó la ley de 2002, y ahora que es presidente de la Xunta se acaba de aprobar una nueva ley del suelo, solamente con los votos populares, que modifica la de 2004. Mala cosa porque la legislación sobre el suelo no debe ser nunca cosa de un único partido. Y menos si puede utilizar la mayoría absoluta para hacer lo que venga en gana. Como ocurrió desde 1985. Y las cosas no van a cambiar, porque unos muchos diputados dejaran de apoyar la ley ya que discrepan de montar una piscifactoría en Touriñán. Aunque el cabo Touriñán no contase con protección de la Red Natura, había que conservarlo tal cual, mientras se pueda, porque es una de las pocas panorámicas del Occidente europeo que se mantiene en un litoral plagado de desfeitas, de estropicios. Fernando Cabeza Quiles sostiene que Touriñán es una "antigua propiedad agropecuaria" de un personaje llamado Taurinius. Todos los ciudadanos del mundo somos herederos de Taurinius, por tanto tenemos la obligación de legarla a los que vengan después. Las generaciones futuras tienen derecho a heredar ese patrimonio natural. Y no a que en ese mirador atlántico hagan un pan como unas hostias. Touriñán sin adefesios encima siempre puede retomar su origen agropecuario. Y en el mar de todos, Dios mediante, nunca faltarán jureles, lirios, xardas, sardinas... y hasta si se ordena el sector pesquero también se podrá extraer algún rodaballo de los que saben a ...¡rodaballo!
Y ya que salió el antiguo uso agropecuario de Touriñán, resulta que tantas leyes del suelo no han servido para guardar las tierras agrarias de primera. Y eso que dos de esas leyes llevan en su titulo lo de "protección del medio rural". La primera ley gallega del suelo se promulgó hace 25 años; en agosto, bodas de plata. Tres años antes en la Revista Galega de Estudios Agrarios, que editaba la Xunta preautonómica, se publicó un trabajo de investigación firmado por Díaz-Fierros Viqueira y Gil Sotres, sobre "Evaluación da capacidade productiva das terras de Galicia". En aquel momento, década de los 80 del siglo pasado, estimaban los autores que las tierras de primera alcanzaban al 7,2% de la extensión gallega, unas 182.956 hectáreas, cuando la superficie agraria útil estaba en 800.000 hectáreas. La provincia con más tierras de provecho o de fruto era Coruña con el 15,3% de su superficie, le seguía Pontevedra con el 9,8, después Lugo con el 1,6 y el farolillo rojo era para Ourense con el 0,8%, alrededor de las 2.000 hectáreas. Díaz-Fierros y F. Gil Sotres advertían hace 28 años que "para estas terras conviría sen lugar a dúbidas que nos futuros plans de ordenación do espacio, se lle adicase un tratamento especial de protección para evitar que só naqueles casos estrictamente necesarios se derivase o seu uso cara a actividades non agrarias". Recordaban los autores que en diferentes países existía ya una legislación específica que trata de proteger la productividad de las tierras de mejor calidad impidiendo o dificultando que puedan ser aplicadas a otros usos diferentes del agrícola. Quebec tiene una ley de protección de las tierras agrarias, y según pude ver in situ en medio de las zonas urbanas de Montreal hay parcelas dedicadas al cultivo de patatas o cereales y que no pueden tener otro uso. No son urbanizables. Pero están pegadas a bloques de viviendas.
Si hoy se repitiera la investigación de Díaz-Fierros y Gil Sotres seguro que bastantes hectáreas de aquellas 182.956 hectáreas de tierras de primera o "prime land" tienen encima urbanizaciones, viviendas unifamiliares o polígonos industriales. Ahí está el caso de Padrón, con el polígono empresarial de Pazos en el lugar menos indicado, donde antes destacaban los maizales. Otro tanto se puede decir de ese parque empresarial de Nantes, en Sanxenxo, donde tierras de primera ni tienen empresas ni se cultivan. Están llenas de maleza, a las que se tiene acceso desde la autovía do Salnés, porque la conselleira Caride soltó millón y medio de euros para cofinanciar parte de una infraestructura innecesaria. En Poio, donde hay poca tierra de labor, resulta que andan para ocupar unas 38 hectáreas de las de más valor agrícola con un parque denominado de Fragamoreira, separado de la fraga del señor Moreira (actualmente bosque de eucaliptos) por una mal llamada vía rápida. Sobre ese bosque tendrían mejor asiento las naves empresariales y no se perderían tierras de pan llevar. Olvidamos que la superficie terráquea no crece, mientras que sí lo hace la población, por tanto, es obligado preservar las tierras capaces de producir alimentos para cuando haya más bocas.
En Pontevedra, en las buenas tierras de los alrededores de la Misión Biológica, también ha proliferado las naves industriales a un lado y otro de la N-550, cuando hay en el municipio superficies más idóneas que no restarían capacidad de cultivar cereales y verduras. En el municipio de Santiago de Compostela han levantado un polígono de viviendas y comercios -área central- sobre una inmensa y productiva huerta. Bertamiráns, que está al nivel del mar, también es otro ejemplo disparatado de eliminar tierras agrarias de primera, pagando ahora el desatino con frecuentes inundaciones, mientras en la proximidad tenían en los montes la localización ideal para el crecimiento urbanístico.
Otro ejemplo de desprecio hacia las tierras urbanas está en la veiga do Louro, donde existieron explotaciones modélicas como A Granxa do Louro donde hasta se cultivó tabaco. En esta granja se realizaron en 1971 demostraciones internacionales de recolección mecanizada de maíz forrajero. A veiga do Louro limita con la zona pantanosa de As Gándaras de Budiño, paraje de aves migratorias. A Granxa do Louro era una gran productora de fruta. Pues toda aquella llanura agraria rodeada de montañas está actualmente ocupada por dos polígonos industriales: A Gándara y A Granxa, este último promovido en 1993 por el consorcio de la Zona Franca de Vigo, que tal vez alguna lección debió obtener ya que el polígono de Porto do Molle (Nigrán) que ejecuta no ocupa tierras agrícolas de primera.
En los últimos 28 años Galicia perdió algunos cientos de hectáreas de tierras "`prime land". Y todavía se siguen levantando viviendas unifamiliares en medio de prados o maizales, donde será difícil con tantan dispersión que puedan acceder a todos los equipamientos urbanos que demanda la sociedad del bienestar. Galicia es tierra agraria, aunque ultimamente se caracteriza por las tierras abandonadas. En la década de los noventa se apuró la ocupación de tierras fértiles para levantar "bloques de muriendas", cuando, según el censo, se llega a 1990 con 177.715 viviendas vacías, a las que hasta 2001 se añadieron 50.657 más, cuando el aumento de la población fue de 12.481 almas.
En vez de producción agraria, Galicia destaca por la importación de productos agrarios. Claro que a Galicia todavía no llegó la educación agraria que Holanda comenzó en 1875 e intensificó después de la segunda guerra mundial. Actualmente en Holanda se pueden obtener títulos agrarios hasta en las escuelas de enseñanza primaria, pero todos ellos, desde el más elemental hasta el grado superior, tienen la característica común que para tener validez hay que pasar por las escuelas de práctica agraria. En los Países Bajos la educación, extensión e investigación agrarias está en manos de una universidad (Wageningen) y cinco escuelas superiores y se completa con once escuelas prácticas, cada una con las especializaciones específicas de la región en que están situadas. Así en Ede está la escuela práctica de técnicas hortícolas y tecnología alimentaria. En Oenjkerk, ganadería de bovino y praderas. En Arnhem, silvicultura, técnicas de cultivo, sector verde. En Emmeloord, prácticas agrícolas. Hace más de una década, en la revista "El Boletín" del ministerio de Agricultura, Rafael Cavestany describió la agricultura holandesa. Y desde aquella diversas comunidades autónomas envían con frecuencia alumnos a las escuelas prácticas holandesas. Es el caso de Andalucía, Asturias o la Comunidad Valenciana. De Galicia, que se sepa, nadie se ocupa de conocer la productiva e innovadora agricultura holandesa para cambiar el rumbo de nuestro sector primario. Ocupando las mejores tierras agrarias con construcciones diversas -las más antiestéticas- y la falta de una educación, extensión e investigación enfocada al desarrollo del agro, Galicia renuncia a su papel de proveedor de alimentos. Produce pena que la agricultura gallega hoy esté más atrasada que en los años veinte, casi un siglo perdido, si bien nunca en su historia recibió tanta ayuda pública como en las dos últimas décadas. ¿A donde va a parar todo el dinero que se destina al sector primario? Mientras la Galicia rural excesivamente envejecida, se despuebla. Y Galicia entera se empobrece. En vez de producir alimentos, se adquieren en otras comunidades autónomas o se importan del extranjero. La verdad es que para caminar de esa forma no hacen falta universidades, ni escuelas prácticas agrarias, ni cajas de ahorro... Hasta sobra una institución.