Las "fuerzas vivas" coruñesas llevan años tratando de crear un superpuerto. En los primeros años de gobierno de Manuel Fraga, está en las hemerotecas, la Xunta no apoyaba esa idea. La Autoridad Portuaria empujada por el alcalde Vázquez fue realizando estudios en busca de su mejor ubicación. Tras estudiar los emplazamientos de Cala de Bens y de Las Yacentes, prosperó como más adecuada la zona comprendida entre Punta Langosteira y Punta Pelón por alejar el poliducto de la ciudad y por su proximidad a la refinería. La Dirección General de Costas se opuso a "la destrucción total de uno de los pocos parajes costeros vírgenes de A Coruña", pero la oposición del Gobierno gallego se esfumó cuando se presentó la catástrofe del Prestige. La Consellería de Política Territorial el 30 de octubre de 2003 (conselleiro Núñez Feijóo y presidente de Puertos de Galicia, Carlos Negreira), apoya la solución más cara que permitirá construir "un puerto más seguro, que estará más días abierto y que se podrá ampliar con más facilidad", pero descarta que se pueda convertir en puerto refugio. Con anterioridad Fraga aseguraba que el "puerto refugio lo habrá seguro" sin aportar detalles. Claro que el Gobierno central se había adelantado con la filtración de que estudiaba construir un puerto refugio en Coruña, objetivo al que renunció en tanto no se cambie la normativa internacional. Podía ser un "basurero". Se aceptó el puerto exterior en Punta Langosteira por la presión de los que esperaban hacer negocio con la construcción de edificios en los terrenos públicos que se pondrían a la venta para financiar parte del nuevo puerto. Si el puerto exterior es un "reto de ingeniería", es un puerto seguro para recibir grandes buques a diario, ¿por qué no lo financió totalmente el Estado? El Prestige fue la excusa para privatizar terreno público como querían los especuladores que estaban en el ajo. Fueron los ganadores, aunque el soñado negocio lo tiró por la borda la crisis inmobiliaria. En octubre de 2003, el alcalde Vazquez esperaba que la venta de terreno público aportase entre 90 y 174 millones de euros. Después hasta se intentó meter en la venta el muelle del Centenario. Ahora el intento de construir un puerto, donde no se debe ni Galicia lo necesita, está en números rojos. Puertos del Estado tiene a día de hoy como coste total de Langosteira 773,4 millones: 495,4 de obra, 112,2 de actuaciones complementarias y 125,8 de revisiones de precio. Pero, sin embargo, estos días se afirma que ni hay proyecto final y que todavía se desconoce su coste. Cuando se adjudicaron las obras de aquella manera por 429 millones, todo se arreglaba con 600 millones de euros, ya sonaron voces de técnicos que elevaban la cifra hasta mil millones. Cuatro años después de comenzar la construcción de un monstruo en aguas muy batidas, el presupuesto se ha desviado un 27 por ciento. Al final se sobrepasarán los mil millones anunciados, pero que la falta de transparencia de la operación no quería admitir. Además de construir dique, contradique, muelles, morro, explanada y machacar un espacio protegido, hay que costear el traslado de las instalaciones de Repsol, Fenosa y demás terminales marítimas.
Este puerto exterior nunca debió construirse, y menos torpedear descaradamente el puerto exterior de Ferrol. Si se pretendía retirar el tráfico petrolero del centro de la ciudad, loable objetivo, al final sigue la refinería en un emplazamiento inadecuado. El puerto de Punta Langosteira no resuelve el problema de la contaminación, lo traslada. Sólo se soluciona una parte. Pero, ¿será el mostruo un puerto operativo? Ya se admite, por Puertos del Estado, que no será apto para contenedores. Será un puerto importador de graneles líquidos y sólidos altamente contaminantes para servir a la refinería y a las térmicas que llenan Galicia de toneladas de CO2. Pero con la refinería a menos de 300 metros de zonas urbanas altamente pobladas. Un serio riesgo.
Nadie discute que el puerto exterior forma parte de aquel fantasma que para mayor desgracia se le dio el nombre de Plan Galicia. Así que nada más perder el poder, el Partido Popular comenzó a utilizar el cauce parlamentario para que no se olvidara su plan. Una de las primeras iniciativas fue una interpelación, defendida por Celso Delgado, "sobre actuaciones que va a llevar a cabo el Gobierno para dar cumplimiento al Plan Galicia". El debate está en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, sesión plenaria número 16, del miércoles, 16 de junio de 2004. Y en ese diario se puede leer lo que respondió la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, sobre el puerto exterior:
"En cuanto al puerto de A Coruña, los estudios se iniciaron en 1997 -mucho antes del desastre ecológico del Prestige, que dio lugar al nacimiento del Plan Galicia- y se han terminado en 2004, con el condicionante de unos estudios sobre el morro que usted conocerá aunque sea de Ourense, porque está mucho más próximo a A Coruña que el sitio de donde yo vengo.
"Hay unos temporales grandísimos y unas condiciones de viento por encima de la media que se da incluso en zonas complicadas desde el punto de vista meteorológico, de modo que hay que hacer ensayos para ver si el morro -que tiene una altura como de 20 pisos- tiene condiciones de viabilidad y sostenimiento técnico. Decirle que el Cedex no ha entregado todavía los estudios que les encargó el Gobierno anterior para saber las condiciones de viabilidad técnica del morro. No hay encargados nuevos estudios, como alguien ha entendido, sino que no se han entregado todavía los estudios que encargó el Gobierno anterior para conocer la viabilidad técnica.
"Hay otra cosa que le quiero decir, aunque ustedes me irán preguntando sobre esto casi mensualmente, me imagino; además están en su derecho y es su obligación, como es la mía darles información precisa de lo que se esté haciendo. Se trata de la financiación del puerto de A Coruña, Punta Langosteira, basada fundamentalmente en fondos de cohesión. Le informo -y no sé si usted lo sabrá- que el Gobierno anterior no solicitó los fondos de cohesión. Están hechos los estudios sobre unos posibles fondos de cohesión que no han sido solicitados; se solicitaron al Ministerio de Economía y Hacienda, pero no se trasladaron a Bruselas. No sé por qué no ha salido en los periódicos gallegos, que estaban tan preocupados por el Plan Galicia. A mí me preocupó porque le preguntaron a la comisaria si podría garantizar la financiación del puerto exterior de A Coruña con fondos de cohesión, y ella dijo que no lo podía garantizar. Pues bien, como hay un 42 por ciento de fondos que ni siquiera han sido solicitados, a la altura que estamos de utilización de fondos me parece que el Plan Galicia no ha sido suficientemente protegido, seguido e impulsado por aquel que lo redactó, que habría tenido tiempo de conseguir esos fondos de cohesión.
"Además, hay otro 24 por ciento de financiación que quiero sepan SS.SS. que es de recalificación de suelos y venta de los mismos para conseguir dicho porcentaje de la financiación del puerto. Es también una decisión importante porque los suelos van a valer muchísimo, sobre todo si se venden para vivienda libre, porque es una zona magnífica. Se ha calculado cuánto se va a obtener con los fondos. Le iba a decir que es una especulación, en el sentido de lo que uno se imagina; una estimación, para no meterme en esos berenjenales. Por supuesto, entiendo que A Coruña necesita un puerto, y necesita mejorar sus instalaciones portuarias, pero ustedes tienen que saber también que nos dejan un proyecto que tiene dificultades desde el punto de vista financiero y técnico, y tendremos que luchar para que se haga realidad".
El periódico de mayor tirada de Galicia no ofreció una información correcta sobre el disparatado puerto. Sólo apoyó una inversión descabellada en un país donde o sobran puertos o están mal gestionados. Están mal aprovechados y descoordinados. Galicia con cinco tiene el 17,8% de los puertos de interés general del Estado, que en 2007 sólo captaron el 7,06% de los tráficos. En 2005 registraron el 7,22%. Resulta que en 2007, en relación con 2005, de los gallegos sólo perdió tráfico el puerto coruñés a costa de los graneles líquidos y sólidos, porque en mercancia general registró un aumento porque al fin iniciaron el movimiento de contenedores. El puerto exterior de Ferrol dispone de 1.500 metros de línea de atraque con 20 metros de calado, infraestructura que se da en pocos puertos de cara a recibir grandes portacontenedores. Pero se ignora cuando contará con acceso ferroviario que es fundamental para atraer estos tráficos. Por encima la empresa que obtuvo en 2004 la concesión de la terminal de contenedores acaba de renunciar. Mientras bien cerca se está enterrando dinero, una buena parte de fondos de cohesión que nacieron sobre todo para inversiones medioambientales, se están tirando en Punta Langosteira. Frente a ello el dato de que doce de las diecinueve rías gallegas no cumplen la directiva europea. La Comisión Europea también está por financiar caprichos, en vez de invertir en lo fundamental, en limpiar las rías cloaca.
Pocos periodistas gallegos se han preocupado de infomar con objetividad y rigor sobre la infortunada Langosteira, tal vez porque no se lo han permitido. Alguno lo intentó, pero la censura de enano le cerró el camino. Sólo un periodista ha escrito hermosos y documentados artículos desde el primer día y sigue. Me refiero a José Manuel Ponte, que debe llevar medio ciento de artículos en La Opinión y Faro de Vigo tratando de desentrañar la maniobra Langosteira. Hace años que no veo delante a José Manuel Ponte, que ahora reside en Coruña después de una larga estancia en Asturias, donde es admirado por su buen periodismo. Hace unos días ha vuelto al asunto Langosteira en su columna Inventario de perplejidades con el título "Tirar el dinero al mar", que me complace reproducir porque tiene méritos para ser leído:
"En la ciudad donde resido hay una cierta preocupación entre la clase dirigente (especuladores de terrenos y políticos) porque falta dinero para financiar el llamado "puerto exterior", esa disparatada obra de ingeniería con la que se proyecta sustituir el abrigado puerto natural de toda la vida. Por poner un ejemplo fácilmente comprensible, es como si en Vigo cometieran la locura de llevar el puerto actual desde el plácido interior de la ría hasta la abrupta costa que va de Baiona a A Garda, expuesta continuamente al embate del mar abierto. El coste presupuestado ha pasado de los 600 millones de euros previstos inicialmente a los 850 millones y aún falta por calcular la cuantía de la indemnización que han de recibir Repsol, Fenosa y los demás usuarios del puerto por el traslado de sus instalaciones. La luminosa idea se le ocurrió al anterior alcalde y por ahora improvisado embajador de España ante la Santa Sede, que utilizó el pretexto del naufragio del Prestige para lanzar la iniciativa de un "puerto refugio" en previsión de catástrofes parecidas. Por supuesto, en caso de temporal, aquel es el lugar menos indicado del mundo para refugiarse, pero dio igual y el Gobierno del señor Aznar y la Xunta del señor Fraga acogieron la iniciativa con simpatía, siempre y cuando una parte importante del desembolso correspondiese a la iniciativa privada y no al Estado. Obviamente, el propósito último era urbanizar los terrenos de los muelles actuales ofreciéndolos en subasta a promotores inmobiliarios de toda confianza. En la ciudad donde resido ya había pocos solares libres para edificar, salvo derribo de iglesias, estadios y edificios institucionales, y era imprescindible hacer algo de hueco. El negocio, así planteado, debía de ser muy goloso porque don Florentino Pérez, presidente de ACS y del Real Madrid, se ofreció a iniciar las obras por su cuenta sin que estuviera asegurada la financiación. Por supuesto, y como ocurre casi siempre, la opinión de los expertos sobre la utilidad social del proyecto es totalmente divergente. Hace unos días, tuve ocasión, junto con unos amigos, de compartir mesa y mantel con un técnico que trabaja en el Centro de Estudios de Puertos y Costas, dependiente del Ministerio de Fomento, y nos dijo que el proyecto del puerto exterior coruñés es un disparate total. "Ni es un puerto refugio, ni un puerto de contenedores, ni un puerto de referencia para el tráfico marítimo mundial, ni nada por el estilo. Lo han situado en el peor sitio posible, va a estar cerrado muchos días al año por culpa del oleaje, y se han cargado una rica zona de pesca y marisqueo. Además, deben ir con mucho cuidado en la obra porque van al límite del riesgo constructivo y están a punto de entrar en una zona de aguas profundas". En resumen, es como tirar el dinero al mar".