Con eso de cambiar la hora con criterios contra natura, un año más Galicia llegará a junio con luz a las 22 horas. O sea, a las diez de la tarde (es tarde mientras calienta el astro rey) se irá el sol y vendrá la noche. Hoy, 31 de marzo, con el horario reinante el sol apareció en Ourense a las 08:16 y se pondrá a las 20:56, mientras que en Madrid se elevó a las 08.00 y se esconderá a las 20:38. Barcelona lo recibirá a las 07:36 para despedirlo a las 20:15. El 2 de julio el orto de Ourense será a las 6:57 y el ocaso a las 22:18; será el día del máximo de luz. A partir de ahí la caida, que con el horario de invierno, el sol saldrá el 25 de octubre a las 7:56 y y se irá a las 18:34 y llegaremos al 27 de diciembre con el orto en las 9:00 y el ocaso a las 18:06, horas que para Madrid serán 8:37 y 17:56, para Barcelona 8.16 y 17:29 y para Coruña, 9:06 y 18:04. En Madrid amanece antes que en Ourense. Sin el cambio horario no llegaríamos a las largas diez de la tarde ni tampoco con la salida del sol a las nueve de la mañana. Los niños gallegos no tendrían que levantarse cuando está oscuro, mientras en Madrid luce el sol.
En España existen dos husos horarios: el UTC y el UTC+1. En las Islas Canarias se aplica el UTC y en el resto de España, el UTC+1, que también se conoce como Hora Central Europea o CET. Pues bien, Galicia está en el mismo huso europeo que Portugal y Canarias, sin embargo, con una hora más. Disponer al inicio del día de iluminación solar tiene muchas ventajas y menos quebrantos. España, en verano, se pasa al huso GMT+2, es decir, dos horas de diferencia con respecto a la hora solar. Que en Galicia son casi tres. En cuanto a horarios, a España la colocaron en el centro de Europa como Polonia, que dista de Madrid 2.162 kilómetros. Pero geograficamente está situada en la Europa Occidental, en el extremo suroccidental del viejo continente. Y Galicia se encuentra en el extremo occidental de Europa. Pero al incluirla en el centro de Europa, el horario de verano la trata como si fuera la Galitzia polaca, que vista desde aquí parece que está en el "quinto pino", a más de 2.500 kilómetros. Los burócratas de Bruselas se pirran por uniformizar.
El horario de verano surgió para el ahorro de energía. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) estima que España podría reducir el consumo de electricidad en un 5%, unos 300 millones de euros. Ya llevan varios años con la misma cantinela. Estos cálculos reciben muchos y sólidos rechazos. Parecen hechos a ojo de buen cubero. Para Galicia, el Instituto Enerxético de Galicia estima el ahorro en un 0,4%, pero no explica como obtiene esa cifra. Igual es al revés. Los estudiosos que se ocupan de este tema en los 81 países que imponen el horario de verano no se ponen de acuerdo. Un equipo de la Universidad de California estudió durante tres años los recibos de la luz de 250.000 hogares de Indiana, y la conclusión señala que los ciudadanos cuando adelantan sus relojes en primavera gastan más energía que si no lo hicieran. La causa está en que el horario de verano reduce horas de luz por la mañana y las aumenta por la tarde, lo que incrementa el uso de la calefacción cuando nos levantamos en primavera y el aire acondicionado al final del día en los meses calurosos.
El científico y político norteamericano Benjamín Franklin fue el primero en idear algo parecido al cambio de hora. Fue en 1784 cuando observó la "inmensa suma que la ciudad de París podría ahorrar si usara la luz del sol en lugar de velas". El embajador Franklin no propuso adelantar la hora, sencillamente sugirió satiricamente cobrar impuestos por tener cerradas las contraventanas, hacer repicar las campanas al amanecer y prohibir comprar más de una libra de cera por semana y familia. Desde aquella han cambiado muchas cosas, y las velas han pasado a mejor vida. Actualmente están los electrodomésticos múltiples, los ordenadores, un automóvil por cada tres o cuatro personas, muchos puntos de alumbrado público... España derrocha energía a manos llenas. Es posible que solo el uso diario del ordenador dé al traste con el ahorro energético.
España adoptó en enero de 1901 el horario internacional del Meridiano de Greenwich (GMT), poniéndonos a la misma hora que Inglaterra. El meridiano de Greenwich pasa por Castellón de la Plana. Con la llegada del reloj electrónico el GMT pasó a Tiempo Universal Unificado (UTC). Pero en vez de estar donde estamos nos llevaron al CET (Tiempo de Centro Europa). Pero si a CET le añadimos un "S" (de saving=ahorro) tenemos CETS, que es la CET del horario de verano. 11:00 CET son las 11 de la mañana según el horario de Centroeuropa (el de España: UTC+1h) y 11:00 CEST significa las 11 de la mañana en el horario de verano de Centroeuropa (España: UTC+2h). Si continuáramos donde estamos geograficamente, España tendría el horario de verano de Inglaterra, ya que están en el mismo huso horario. Con esta hora menos, (al huso horario de Galicia habría que reducir otra hora) bastaría para que los gallegos contasen con de luz solar cuando inician la diaria actividad. No se trataría de hacer una hora para Galicia distinta de la de Madrid. Se trataría de que el Gobierno de España se negase a figurar en Centroeuropa para ponerse en su sitio, que es el de Londres. La hora de España igual a la de Iglaterra. Eso era lo que reclamó hace poco más de dos años el Bloque Nacionalista Galego, que propuso para Galicia la misma hora de Portugal y Canarias, para ahorrar también energía. España entera con sus islas tendrían la misma hora. Los ignorantes que pululan por medios de comunicación de Madrid se dedicaron a tomar de chirigota la propuesta nacionalista, aunque también hubo opiniones fundamentadas que apoyaban la petición. Los vocingleros le sirvieron en bandeja al Gobierno central hacer lo que quería: descartar que Galicia tuviera la misma hora de Canarias. El Gobierno justificó el rechazo en que los países miembros de la UE tienden a armonizar los horarios con el fin de mejorar el funcionamiento del mercado interior. También argumentó que España "sigue la práctica de los países de nuestro entorno". En vez de razones parecen tonterías. Gran Bretaña también forma en el mercado interior de la UE y está en nuestro entorno. Ocurre que los ingleses no se someten a la voluntad ajena porque sí. Y el Gobierno de España, en vez de aprovechar una propuesta de uniformidad, ha preferido mantener las ventajitas que el cambio horario pueda ofrecerle a Madrid mientras suena a latiguillo coñero "una hora menos en Canarias".