Año Santo 2010. Xacobeo 2010. Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, declaró a finales de mayo que Galicia será capaz de atraer "más de diez millones de personas". Ya en junio, tras anunciar que la promoción del Xacobeo 2010 contará con un presupuesto de 7 millones de euros, proclamó urbi et orbi: "Queremos que sea para Galicia lo mismo que significó el año 1992 para Barcelona".
Barcelona en 1992 acogió los Juegos Olímpicos. En las Olimpiadas 1992 se ha invertido un billón de pesetas, del cual el 55% era dinero público, que se destinó a autopistas, accesos a la ciudad, ampliación del aeropuerto, edificios, regeneración del frente marítimo, etc. En ese año el comercio registró un descenso de ventas, pero los Juegos aportaron millón y medio de visitantes. No está nada mal para dos semanas. Los Juegos ingresaron 195.594 millones de pesetas, de los cuales correspondieron al comité organizador más de 1.000 millones por su participación en la comercialización de 500 productos que tenían licencia para utilizar el logotipo y la mascota. El Pelegrín del Xacobeo recaudó 600.000 euros en 1993 y a pesar del desinterés por el merchandising llegó a 90.000 euros en 2004.
Los recursos que se destinan al Xacobeo 2010 son modestísimos y además en seis meses ni se debe esperar un milagro organizativo ni con la recuperación del Pelegrín, que nunca se debió arrumbar. Sólo el Apóstol está en su altar de siempre. Los políticos no tienen sentido de país y desperdician una empresa que atrae, pero todavía no se ha preparado la ciudad para que las aglomeraciones turísticas que se producen en los meses de verano no colapsen el acontecer ciudadano. No hay planificación ni ideas. Preparan el Xacobeo 2010 como si se tratase de la antigua feria del jueves en Santa Susana. La situación que vive Incolsa, la empresa municipal de turismo de Santiago, en vísperas del acontecimiento de mayor atractivo turístico, evidencia que la administración municipal, bajo la batura de José Bugallo, sólo sirve para malgastar dinero público. Es de vergüenza. En fin, la esperanza de un Xacobeo que cree empleo y riqueza como la Olimpiada de Barcelona es una exageración olímpica.
Otra exageración olímpica son los más de diez millones de personas. Supone recibir 27.397 peregrinos cada día del año. El Año Santo de 2004, según el INE, entraron en Galicia 3.675.988 turistas, de los cuales el 84% procedía del resto de España y el 16%, extranjeros (alrededor de la tercera parte, portugueses). El mes con menos viajeros fue enero con 149.815 y el máximo mensual se registró en agosto con 557.662. Casi la mitad de los turistas que llegan lo hacen en los meses de junio, julio, agosto y septiembre. En el Año Santo de 1999, según el INE, los viajeros entrados ascendieron a 2.897.223, con el mínimo enero con 107.514 y el máximo en agosto con 440.339. En 2007 la ocupación hotelera alcanzó 3.739.522 viajeros y en 2008 descendió a 3.525.867. Es improbable que el Xacobeo 2010 pueda atraer más de diez millones de personas. Si se llegara a la mitad podíanos darnos con un canto en los dientes.